Enterramientos

 
En julio de 1099 fallece el Cid Campeador, Don Rodrigo Díaz de Vivar en Valencia, donde se produciría su primer entierro. Doña Jimena aún permanece en esta ciudad junto a los restos de su esposo algún tiempo.
Torres de la ciudad de Valencia

mapa de España

En mayo de 1102, cuando la situación es ya insostenible, la familia y la gente del Cid abandona Valencia.

Los restos de nuestro héroe, al llegar a Burgos, son inhumados en el Monasterio de San Pedro de Cardeña, como bien correspondía a la importancia de su figura. Allí permanecen hasta 1836, salvo durante unos años que se trasladan a Burgos.

La capilla del Cid, también llamada de San Sisebuto, construida en 1735 se abre en el lado derecho de la iglesia de este monasterio. En el centro de esta capilla se encuentra el doble sepulcro pétreo del Cid y su esposa, realizado en el s. XVI. En sus paredes les acompañan los enterramientos de varios personajes cidianos.

Más recientemente se han incluido dos pinturas alusivas a momentos de la vida del Cid.

Claustro del monasterio de San Pedro de Cardeña
representación del Cid en el Monasterio de SanPedro de Cardeña

Durante la Guerra de la Independencia (1808 a 1814), los soldados franceses profanan su tumba en el Monasterio y llevan sus restos a un lugar del actual paseo del Espolón.

Cuenta la tradición que allí los soldados franceses veneran la figura del héroe castellano.

Monolito que recuerda el lugar donde estuvo enterrado el Cid
Los restos son nuevamente recuperados y hacia 1840 se trasladan a la Capilla de la Casa Consistorial de Burgos recogidos en una urna.

En 1921 los restos son solemnemente trasladados a su lugar definitivo. Desde ese momento descansan por fin los restos del Cid, junto con los de su esposa Dña. Jimena, en un emplazamiento privilegiado: la Catedral de Burgos.

Lápida de la tumba del  Cid

Los encontramos en un lugar de honor, en el centro del crucero, bajo el Cimborrio de esta joya de la arquitectura, y bajo una sencilla lápida de bronce.

Monolito que recuerda a Bavieca

No hay caballero sin caballo...

No nos podemos olvidar de otro personaje de esta historia que acompañó al Cid hasta el fin de sus días: Babieca, su fiel caballo, también fue trasladado a Burgos tras la muerte del caballero.

Cuenta la tradición, que, como correspondía a su nobleza, también recibió sepultura en un solemne lugar, el exterior del Monasterio de Cardeña, frente a su fachada principal, a pocos metros de donde en un principio se encontraba su amo, de donde no se han movido.