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Los romanos en Toledo

 


 

 

 

 

La leyenda atribuye la fundación de la ciudad de Toledo a Hércules.

Y existe un lugar en Toledo conocido popularmente como la Cueva de Hércules.

Se trata, en realidad, de una cisterna o aljibe romano donde se almacenaba agua para el abastecimiento de la ciudad, y que situado bajo la desaparecida iglesia de San Ginés fue utilizado como cripta funeraria de ésta.

Los romanos llegaron a este lugar durante el II siglo a. de C., donde se encontraron con una pequeña ciudad situada en un emplazamiento estratégico, a la que dieron el nombre de Toletum y la convirtieron en la capital de la Carpetania.

         

Para conectar la ciudad con el sureste, hubieron de construir un puente, que se destruyó hacia el siglo IX y fue reconstruido por los árabes y conocido con el nombre de Alcántara. En él se conserva aún el arco central de origen romano.

Los romanos urbanizaron la ciudad, empedraron sus calles y recogieron las aguas mediante alcantarillas, que la sacaban a las afueras. Se conserva una de las salidas de las alcantarilla, que se encuentra muy próxima a la Puerta del Sol

Hacia la segunda mitad del siglo I, se construyó en la ciudad un circo en el que se llevaban a cabo carreras de bigas (carros tirados por dos caballos) y de cuádrigas (carros tirados por cuatro caballos).

   

Los restos encontrados en las excavaciones realizadas en el circo romano se encuentran en el Museo de Santa Cruz (Toledo)

Junto al circo romano hubo unas termas. También se cree que existió en la ciudad un anfiteatro, cuyos restos pueden encontrarse bajo las casas del barrio de Las Covachuelas (junto a la estación de autobuses)..

Y construyeron también un acueducto para suministrar agua a la ciudad, conservándose algunos restos del mismo en la zona del río situada entre el Alcázar y la Academia de Infantería, así como unos arcos y un muro ante el museo de Santa Cruz, que pudieran ser parte de esta canalización

Muro y arcos romanos ante el museo de Santa Cruz

Restos del acueducto junto al río