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Acabamos de celebrar la fiesta de Stª. Águeda o de las Águedas, que también se conocen por este nombre. En El Tiemblo, estas fiestas son relativamente jóvenes, pues parece ser que se celebran desde hace unos quince años. Pero como el entusiasmo que ponen las mujeres de esta localidad es muy fuerte, seguro que quedarán arraigadas para tiempos venideros. |
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Comienzan el día con una misa, a la que acuden con sus mejores
galas, como es el traje regional, que es muy vistoso y alegre.
En la plaza del pueblo, invitan a rosquillas y vino a cuantos se
acercan por allí. Continúan con una comida, en un restaurante ellas
solas, pues ese día los maridos no participan en nada. Después de
cenar todas juntas, otra vez, las que se sienten con fuerzas continúan
de juerga hasta muy tarde.
Este acontecimiento se celebra en honor de Stª. Águeda, una joven muy hermosa y
rica, que nació en Sicilia (Italia) en el año 230 de nuestra era.
En agradecimiento de estos dones ofreció a Dios su virginidad.
Pero tuvo la mala fortuna de prendarse de ella un alto cargo del
poder, en ese lugar, llamado Quinciano.
Dicen que una gran nube negra bajó del cielo y protegió su
desnudez .
Quinciano fue muerto por un rayo.
Parece que donde está mas arraigada esta tradición es por toda
Castilla y León. En
Valladolid y Zamora, se la llama a Stª. Águeda “La Virgen de los
pechos”, y esta representada la imagen con un plato en la mano,
mostrando sus pechos cercenados.
Las mujeres casadas y lactantes la tienen como patrona, para
pedirle protección cuando están amamantando a sus hijos, y para que no
les falte la leche ni se les agrieten los pechos.
En algunos pueblos, las mujeres le piden al alcalde la vara de
mando, nombran su propia alcaldesa para ese día, y son ellas las que
organizan todos los actos.
Hay pueblos en Zamora, donde el baile lo abrían como pareja el
señor párroco y la alcaldesa de turno. Para esa ocasión hacen siempre
sus trajes regionales o disfraces que también valen.
En “Bustillo del Oro” las mujeres se visten de cosacos, con
sable incluido, pensando que así los hombres sentirán más respeto hacia
ellas. En “Castronuevo”, salen a pedir la
“miaja”, que es dinero, que luego emplean en una merienda. Y pobre
del que por tacaño no dé lo suficiente, pues le espera una buena venganza;
les pinchan con alfileres y les restriegan los labios con guindilla.
En “Sequeros”(Salamanca), la alcaldesa era la mujer del
alcalde.
Sobre 1.900 las mayordomas pedían por las casas “la robla”
por la mañana, y se lo gastaban muy bien. Ellas convidaban a mozos y
casados a su mesa y al baile, pero cuando consideraban oportuno, les
despedían con viento fresco, para seguir ellas solas con su parte más
seria, como elegir a las mayordomas del próximo año. Así estaríamos contando innumerables maneras de
celebrar Stª. Águeda. Pero la que parece más antigua, y en estos
momentos está considerada de interés turístico, es la de un pequeño
pueblo de Segovia llamado “Zamarramala”. Ese día es fiesta para
todos los vecinos. Los maridos acompañan a sus mujeres a recibir, de manos de la
autoridad, la vara de la justicia con todo lujo del traje
“zamarriego”. Y a partir de ese momento sólo ellas mandan y ejercen
la justicia, si hace falta. Como alguno se desmande, ya sabe que permanecerá
encerrado durante las fiestas.
Al día siguiente es Stª. Águedilla, y ya dejan
participar, junto a ellas, a mozos y casados.
Es curioso ver cómo en tiempos de los romanos ya existían unas
fiestas parecidas llamadas “Las Matroniales”, era el día primero de
Marzo.
Estas fiestas eran primaverales, y tenían su origen en honor de
Juno Lucina madre de Júpiter, diosa de los partos y la fecundidad.
Aunque en España se celebra como motivo religioso, hace creer,
que las mujeres lo toman como una oportunidad, para deshacerse, aunque
solo sea por un día, de la “superioridad” que ejerce el marido en
la casa.
Parece ser que ese día se sienten libres de toda obligación
casera, pero no del todo; porque la mayoría seguro que dejan en casa
todos los que haceres hogareños hechos, para que nada se eche en falta
durante su ausencia.
Las mujeres protestamos mucho pero no podemos dejar de ser muy
“buenas y eficaces”. ¿O es que inconscientemente, aunque estemos
lejos de los maridos, seguimos sintiendo su presencia?
Las nuevas generaciones femeninas, creo, que por su preparación
y educación, están más preparadas para enfrentarse al futuro, y sabrán
saborearlas en toda su plenitud, y disfrutarán plenamente de la tradición
de un “matriarcado” de 24 horas.
Antonia Hermoso.
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