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Me han dicho esta mañana los faroles nocturnos de risa, parpadean, palpitan, un adiós amarillo reflejan. Un adiós sin palabras, con mil sombras que engendran fantasmas. El borracho del pueblo... El carnaval tambaleante del niño. El circo, sin payasos, hecho vino. Mañana, tranquilo, rondará el sereno, dormido el afilado chuzo, en la noche sin su vagabundo. Quietas sin murmullos, las calles guardarán el recuerdo de mil pasos sin rumbo, sin sentido, alborotados... Rezaré un padrenuestro por él. Y no diré pan. Diré vino, como él, el borracho, hubiera querido. Se muere sin decirnos su pena, que quizás nunca ahogara. Se va con su pena en el alma. Yo quisiera soñar para él, un paraíso eterno, un cielo de botellas y viñedos. ¿Con qué son tocarán las campanas? ¿Sonarán a tinto o aguardiente? Las tabernas tendrán luto en sus cierres. Me gustaría oír en estas noches el lamentar de las bodegas y la respuesta triste de la botella. Me han dicho esta mañana que se muere el borracho del pueblo. Me lo han dicho con palabras de hielo. | |
| Carlos Emilio Reviejo
Hernández. (Desde aquí dentro) |