LEGADO CULTURAL

Comprobar la huella que la convivencia de estas tres comunidades ha dejado en Alcalá es fácil si hacemos un recorrido por su núcleo urbano. Así destacamos:

5.1. La Capilla de San Ildefonso.

Consta esta capilla de dos cuerpos y un ático, en el inferior se abre la portada con un bajorrelieve con la imposición de la casulla a San Ildefonso, encima, el cuerpo de campanas, cuyos huecos están flanqueados por pares de pilastras jónicas.

Su interior es una sola nave, dividida en dos cuerpos, cubiertos cada uno de ellos por magníficos artesonados mudéjares. Sus muros laterales llevan una rica yesería con motivos renacentistas, góticos y mudéjares. En la parte superior de la nave, también en yeso, un cordón franciscano, que acaba rodeando el arco de separación entre la nave y la cabecera de la iglesia.

Hemos de destacar una reja para separar el presbiterio, obra del maestro Juan Francés, fechada en 1511.

Esta capilla sirvió de enterramiento a diversos personajes vinculados a la Universidad: el humanista Antonio de Nebrija; los maestros de obra, Pedro Gumiel y José Sopeña; el médico de Felipe II, Divino Vallés.

Pero la obra más sobresaliente que podemos admirar es el sepulcro del Cardenal Cisneros. Este mausoleo se llevó a cabo en el taller de Carrara del escultor Bartolomé Ordóñez hacia el año 1519. Debido a su muerte prematura no puede acabar esta obra y le sustituye Pedro de Carona, con dos escultores napolitanos y uno florentino.

Pero lo que más nos interesa destacar es el artesonado. En la primera sala admiramos una techumbre en la que destacan los escudos del Cardenal Cisneros, la Virgen imponiendo la casulla a San Ildefonso, estos últimos custodiados por una pareja de arpías.

La cubierta del presbiterio tiene una trama de estrellas de ocho puntas y lacillos de cuatro puntas de oro.

Dice Pavón Maldonado que: "La capilla de San Ildefonso no se valoraría completamente si prescindiésemos de los azulejos que de ella pasaron a la Casa de Cervantes. Posiblemente estarían colocados en solerías, no en zócalos, formando esquemas geométricos generales. El llamado estilo Cisneros se completa con esos azulejos vidriados de aristas en los que efectivamente se entrelazan el mudéjar y el plateresco; viéndose muchas veces estereotipados letrerillos árabes que nada significan".

5.2. El Paraninfo de la UNIVERSIDAD.

Fue la última obra en le Colegio Mayor de las ordenadas por Cisneros. Su construcción comienza en 1516 a cargo del maestro de yesería Gutiérrez Cárdenas, colaborando Pedro Villarroel. Dos años después comienza la decoración de su fábrica. La carpintería fue dirigida por Andrés de Zamora. El dorado y la pintura los llevó a cabo Alonso Sánchez.

Es una sala rectangular cubierto con un artesonado, con labor de lacería, dorada y policromada, forma estrellas y casetones poligonales con florones en su interior.

Sus muros están recorridos en su mitad superior por una galería de arcos rebajados entre pilastras, concebida como un suntuoso friso de tupida decoración, recubierto de labores ornamentales.
 

5.3. EL PALACIO ARZOBISPAL.

Torres Balbás ha escrito de este palacio que era un arte mudéjar amalgamado de formas góticas. Analizado el palacio queda inmerso dentro de la trayectoria del mudéjar toledano, trayectoria en que el arte musulmán va gradualmente midiendo sus fuerzas con el naturalismo gótico, primero, y después con el gótico tardío.

Inicialmente era una amalgama de arte musulmán de corte toledano y arte nazarí de Granada, sostiene Pavón Maldonado. Y esto se puede constatar con viejas fotografías del Salón Conciliar y yesos rescatados de entre los escombros del solar arzobispal.

Como es sabido la construcción actual debe situarse en los inicios del siglo XIII, durante el episcopado de don Rodrigo Ximénez de Rada, tras sufrir Alcalá y su alfoz los efectos devastadores de las razias de Ya’qub Al-Mansur y la invasión almohade.

A finales del siglo XIV el arzobispo Tenorio lo convierte en fortaleza militar. Lo fortifica con un muro con torres y almenas que partiendo de la Puerta de Madrid llega hasta la torre del Palacio, rodeando su recinto por dentro de la población.

Del mismo tiempo es la torre albarrana conocida como "Torreón del Tenorio", situado a la derecha del patio de ingreso. Es de cantería, con pequeñas ventanas góticas ajimezadas. Tiene matacanes y saeteras en la parte superior, y está rematado con un cuerpo de ladrillo con almenas.

En el siglo XV el arzobispo Martínez de Contreras construye el Ala Este, donde remata dicho torreón. Allí campean sus blasones: cruces de Calatrava y castillos. De planta rectangular, en ladrillo, con ornamentación mudéjar y grandes ventanas de tracería gótica. Coronada con un antepecho colocado de piedra, con esculturas. En el interior se hallaba el Salón de Concilios, sala de audiencias de reyes y prelados. El Marqués de Lozoya en la Historia de arte Hispánico lo describe: "Maravillosa crujía rectangular con guarniciones y frisos de yeserías mudéjares, zócalos de azulejos y espléndida techumbre de alfarje, todo ello de estilo toledano."

El arzobispo Carrillo, muerto en 1482, lleva a cabo la reforma de la ornamentación de la sala principal. Lo mismo la techumbre que el exterior del salón lucían sus armas, las que se esculpieron en su sepulcro: armas con cruces de Calatrava, castillo y banda diagonal.

El arzobispo Alonso de Fonseca (1524-1534) transforma el castillo en palacio urbano, siendo su principal constructor entre todos los prelados, junto al arzobispo Tenorio. A él se debe la fachada principal. Obra de cantería, de dos pisos de ventanas; las del piso inferior, adinteladas, y las del superior, de medio punto. Tienen guardapolvos rectos y un copete de medallones con diversas cabezas esculpidas, entre motivos platerescos. La portada, de arco de medio punto, medallones con cabezas en las enjutas, flanqueada por dos columnas con podio y saliente entablamento; frontón trebolado con heráldica del obispo Fonseca. Remata la fachada en una galería de arcos de medio punto sobre columnas jónicas con pilastras intercaladas cada dos de ellos y antepecho abalaustrado.